Por que creer en los refranes

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Los refranes son frases libres que pueden ser usadas por cualquiera, que llevan un mensaje valioso porque llaman a la conciencia sobre la actuación típica en la que incurrimos las personas y también nos alertan acerca de ciertas circunstancias a las cuales nos podemos enfrentar en uno u otro momento. Ahora bien, la pregunta es ¿por qué creer en esos dichos populares?

La respuesta la vamos a explicar en varios puntos:

  • Antigüedad: la mayoría data de hace mucho tiempo, y si se mantienen en pie es por algo, nada puede permanecer a través de varias épocas y seguir en boga, de no ser verdadero y bueno.
  • Sabiduría: el contenido parece simple, pero si analizamos el mensaje sería justo reconocer que dan justo en el clavo, expresan información que, sin duda, te hace reflexionar.
  • Gratis: los creadores y usuarios no buscan lucrarse, quienes los dicen y quienes los reciben, no perciben una ganancia monetaria, pero sí son partícipes de un valioso tesoro.
  • Sinceros: no todos son gratos, precisamente porque expresan verdades, sean buenas o malas. La hipocresía no tiene lugar en estas frases, que no temen decir lo que corresponda sin rodeos.
  • Populares: se han ganado el beneplácito de la gente. Desde niños hasta los ancianos hacen eco de los refranes. Han traspasado las fronteras, por lo cual sirven de embajadores de una parte de la cultura de los pueblos.
  • Accesibles: independientemente de la clase social, educación o género, pueden ser utilizados por cualquiera, más aún que están presentes en el mundo digital, por lo tanto, es cuestión de acceder a Internet para investigar, conocer y aprender mucho de estos proverbios.

Existen muchas otras razones por las cuales reforzar la credibilidad de los refranes. Antes de terminar esta publicación, haremos mención de un par de ellos, tomados del portal www.refranesysusignificado.com.

  • “Algo ajeno no hace heredero”: nos exhorta a no obtener cosas mal habidas porque las mismas se desvanecen y nunca se les verá un buen provecho. Así que no caiga en la tentación de hurtar o comprar algo ilícito.
  • “Date prisa, pero no corras. Vísteme despacio que tengo prisa”: este consejo surge en función de evitar errores por hacer algo de manera precipitada, lo que a la larga nos puede retrasar. Es mejor actuar con calma, haciendo lo que corresponde de forma correcta y segura.

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“A buen entendedor, pocas palabras bastan”.

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